Cuerpos y sexualidades libres desde la cosmovisión maya

La sexualidad, como la concebimos desde este espacio de observancia, invita a organizarnos socialmente para la vida plena y el cuidado de la Red de la Vida, conformando redes de afecto y de cuidado colectivo entre las personas. Ver mas.

Cuerpos y sexualidades libres desde la cosmovisión maya

Nicolás López

Cuerpos

Empezaré diciendo que el cuerpo es mucho más que cuerpo. El universo no se repite en ningún momento más, pero cada momento sintetiza todo y nosotros fuimos concebidos en un efímero momento donde se sintetizó en nosotros el todo. La danza inevitable del sol y la luna, del espacio y el tiempo, de la noche y el día, está constituida en nuestra corporalidad naciente con el primer latido de nuestro corazón; simulación pequeña de la vibración de la vida de la madre tierra, o tonan en nuestro ser.

Durante 13 ciclos lunares (presencia femenina) de 20 días cada uno (esencia masculina), nos toca irnos formando, hasta completarnos en los 260 días y noches que pasan en nuestro ser. Ya somos winaq con un winaquil. Nuestro nacimiento es único y nos constituimos como totalidad en el sentido de completitud.  Somos referencia del tiempo y el espacio, nos medimos en ellos y podemos medirlos en nosotros; somos un calendario y un solario viviente. En nuestro winaqil todo se manifiesta, el tiempo que estuvimos en el espacio sagrado[1] del vientre femenino, donde adquirimos la divinidad de las ocho energías y fuerzas sagradas del universo, de igual manera, las veinte energías y fuerzas sagradas provenientes de las cuatro esquinas del mundo; adquirimos la energía de ajpu y su manifestación en calor, la energía de nuestra madre tierra y su misteriosa y potente fuerza de la oscuridad, la energía del agua y su misteriosa presencia de vacío —donde no hay nada y a la vez está todo—, la energía del aire y la vida de la vida y su soplo divino, la energía de lo de arriba y de lo de abajo y el espacio-tiempo donde estamos nosotros.

En nuestra corporalidad están los tres mundos y dimensiones que conforman nuestra vida humana presente ante este mundo: la dimensión de los ancestros, la dimensión de arriba y la de nuestras hermanas y hermanos mayores: montañas, lagos, ríos —naturaleza en general— con los cuales convivimos nosotros, las personas. De hecho, la energía de nuestras y nuestros mayores también la recibimos en una relación única; recibimos desde el primer latido la energía de las montañas, de los barrancos, de los bosques, de las planicies, de los animales, plantas y de los ríos que cruzan nuestro espacio energético.  No es que Tz’aqol, Bitol, Alom, K’ajolom, Saqi Nim Aq Sis Tepew Q’ukumatz, Ixmucane e Ixpiyacoj—fuerzas y energías sagradas primeras—nos haya creado independiente de ellos, sino que llevamos esencias de ellas y ellos en nosotros. Somos lo que son, somos lo que nuestro alrededor inmediato y lejano es.

De esta manera nos comunicamos con todo lo que existe, lo que vemos y lo que no vemos; tenemos todo el conocimiento del universo, lo podemos descubrir según la etapa y proceso que llevamos en nuestra vida y según la etapa y procesos a la cual estamos destinados a realizar. En una etapa nos rige una fuerza y energía ancestral específica; las y los abuelos que habitan en nosotros nos van indicando el camino a seguir, las virtudes a descubrir y los conocimientos necesarios a utilizar. Solo hemos olvidado —o nos han hecho olvidar— la forma en cómo comunicarnos con ellos, de cómo escuchar sus voces, de cómo entender cada consejo que sale desde nuestro interior corporal, pronunciado por ellos, en nosotros. Pero lo podemos sentir desde nuestro ombligo y su alrededor, en la palma de las manos, en nuestra cabeza, en las plantas de nuestros pies, en cada célula —en cada espacio dentro de ella—.

Recordemos que somos síntesis de espacio, tiempo, movimiento y de lo que no vemos — sobre todo esto último—. En nuestras extremidades entran y salen constantemente las fuerzas y energías exteriores e interiores, quienes dialogan, se comunican y se equilibran. Ellos son la parte de nuestra corporalidad que no vemos. Siempre he imaginado –aunque en realidad lo digo así porque se me ha presentado así– nuestro cuerpo como un rompecabezas tridimensional, siendo el cuerpo físico tan solo una parte o pieza del todo que nos conforma. Las culturas ancestrales de Oriente —chinas, hindúes, etc.— o en varias comunidades africanas —aquellas que fueron menos colonizadas que nosotros— lo saben mejor y lo llaman de distinta manera según sea su idioma, con lo cual señalan lo que nosotros también señalamos. Esa parte que no vemos es justamente la más determinante en el equilibrio con todo lo demás existente y con nosotros mismos. Queda lejos ya la visión occidental, la cual comparaba nuestros cuerpos con el funcionamiento de una máquina; visto así, nuestro cuerpo era un objeto que se utilizaba para sustentar el trabajo y la explotación: una máquina destinada a alimentar al gran capital naciente de aquellos tiempos.  Vemos hoy día la consecuencia de aquella secularización violenta que se llevó a cabo intencionalmente para desfigurar la dignidad viviente de nuestros cuerpos.

Reconocemos ahora nuestro cuerpo como un universo donde lo divino se hace presente desde lo más pequeño de nosotros hasta lo más grande. Nuestra respiración ya no es solo de oxigenación y depuración, sino que es un intercambio de vidas entre nosotros y nuestros hermanos y hermanas plantas; lo que hay de muerto en mí es vida para ti, en la eterna interacción entre la vida y la muerte. —Lo vivo alimenta lo muerto y lo muerto alimenta lo vivo. Mi aliento da vida, como me dieron vida las y los abuelos con el soplo de vida de la vida. Cuando soplamos el fuego para hacerlo arder, es un acto de igual manera para dar vida.

Haciendo consciente esto, es que el fuego se vuelve sagrado; danza y dialoga con nuestro fuego interior, fuego de nuestra corporalidad que habita en nuestro corazón y otros órganos relacionados con la dinámica de la calidez, la luz y la certeza. Cada mano nos indica un ciclo pequeño de cierre y apertura de fuerzas y energías, que entran en contacto con nuestro interior y el exterior. Cada dedo es un nahual, dicen las y los abuelos, lo cual quiere decir que cada dedo se formó con una intención, propósito, fuerza y energía específica, cuya función tiene mucho que ver con cada órgano del cuerpo según el territorio que habita el cuerpo. Cuando bostezamos, entramos en sueño; llamamos con ello a nuestros ancestros.  Y en su descanso aparente, también sueñan, y nuestra corporalidad otra se encuentra junto a su corporalidad. Dicha forma de corporalidad, la que pocas veces comprendemos —pues la modernidad y su racionalidad no nos lo permiten— es también parte de nuestro winaqil o corporalidad en su dimensión física. Esto último es un ejemplo claro de cómo se manifiesta o se expresa esa parte de nuestro winaqil que no logramos ver o comprender con exactitud.

En fin, hablamos de cuerpo como winaq cuando hablamos de la vida y sus más variadas formas de manifestación. Hablamos de winaq cuando hay un nacimiento, cuando han transcurrido 20 días después del nacimiento y el cuidado que requiere la o el bebé; las comadronas comparten que esas primeras veintenas son determinantes para la vida, por ello celebran ceremonias, principalmente aquellas relacionadas con el temazcal. De hecho, esta afirmación nos recuerda que estamos construidos de totalidades, cada día, cada mes, cada ciclo.   Ajb’ee Jiménez, guía espiritual del pueblo Mam, relata que en su idioma dicen winaq ta’, que literalmente significa “ya se transformó en vida”, refiriéndose a un huevo de gallina empollado que trae ya con seguridad un pollito. De hecho, no es casualidad que las gallinas se pasen justamente 20 días empollando los huevos y en ese periodo logren esa transformación de lo aparentemente nada – clara y yema – a otro ser vivo completo y total.

Es decir que la palabra winaq no solo se utiliza para designar la corporalidad del ser humano, sino de todos los seres existentes del mundo; por eso también decimos que todos son winaq y tienen su winaquil, que traducido más o menos sería: todos y todas somos una personasujeto y tenemos aquello que nos da dignidad, una completitud, una totalidad tejido junto a todo lo existente. Considero que dicha percepción es justa si tomamos en cuenta que no somos nosotros superiores a los demás seres vivos, sino sus iguales, incluso un poco más pequeños. Este cuerpo descrito está mucho más allá del cuerpo de las emociones —pero tiene que ver mucho con el espíritu—. Esta es la capacidad única de nuestros cuerpos de expresar y sentir el mundo y el universo-cosmos dentro de cada ser. Las emociones son nuestra esencia y son las más sutiles expresiones del cosmos; es como un regalo que la misma vida nos dio y que solo podemos utilizar en esta forma de vida. En esta forma de vida y en esta totalidad que somos, es cuando debemos amar, sonreír, agradecer, sentir la dulzura de la vida. Tenemos la capacidad de expresar el mundo.

No podemos vivir si se nos tiene negados en nuestra corporalidad todos los elementos físicos y no físicos que nos permiten la plenitud. Desde la invasión española nos han instalado otra forma de ver nuestros cuerpos, otra forma de vivirla, reproduciendo en ella la violencia, la tortura y la muerte. Nos olvidamos de la dignidad que representa cada movimiento de vida que damos y la conexión necesaria con nuestro entorno y el cosmos para su equilibrio. Esta desvirtualización tiene su historia…

Ilustración: La Cuerda

Propuesta para construir sexualidades y cuerpos libres desde la cosmovisión maya

 A partir de los conocimientos sobre el calendario Cholqij de 260 días, principalmente aquellos relacionados con la persona y su winaqil, creemos que puede ser un punto de partida para pensar la sexualidad desde los pueblos originarios, lugar desde el cual planteamos este aporte, como parte de nuestras luchas transgresoras de la heteronormatividad sexogenérica impuesta. Consideramos esta propuesta una posibilidad por las siguientes razones: Primero, porque el Cholqij es una fuente, la cual nos ayuda a leer nuestro pasado y nos permite regresar a los saberes perdidos.

Segundo, porque aún no es comprendido en su totalidad por los expertos “mayólogos”, arqueólogos o investigadores que tratan de buscar los indicios del género y la sexualidad en los códices, escritos coloniales –como el de fray Bernardino de Sahagún–, restos en piedra –como monolitos, utensilios, pinturas, etc.– o desde interpretaciones etnográficas, que, si bien nos han ayudado a conocer algunos elementos de nuestra cosmovisión, muchas veces la han distorsionado. Aquí mencionaremos aquellos estudios que han contribuido de manera crítica. Lo tercero es que el calendario cholqij es casi el único sistema de conteo, memoria, aprendizaje y pronóstico que sobrevivió en la conciencia de los pueblos sin perder su hilo y está generalizado su uso, lo cual se puede comprobar en la energía de los días; en todos los pueblos de Mesoamérica el día tiene la misma energía y el mismo numeral, es decir que, a pesar de la invasión, se conservó en nuestra memoria y hoy día aún lo utilizamos para ordenarnos, configurarnos y crearnos en el mundo —incluso los pueblos considerados no mayas, como los mexicas o aztecas—, indistintamente del grupo y el territorio. Esto significa que no está condicionado por los estudios arqueológicos —principalmente aquellos que nos han inventado una infinidad de falsos dioses, como por ejemplo el conteo de los llamados por ellos 9 señores o dioses de la noche— y han interpretado nuestra cosmovisión desde marcos interpretativos y sistemas conceptuales occidentales, la cual arroja resultados erróneos.

La descolonización y desmodernización de nuestra cosmovisión implica partir desde preceptos propios, desde lógicas temporales y espaciales propias. Condiciones mínimas que el calendario cholqij cumple, siempre y cuando sea interpretado desde nuestros propios fundamentos.

Sexualidades desde el calendario Cholqij

Después de reflexionar desde el Colectivo[1], me introduzco a los saberes de la cosmovisión maya y planteo lo siguiente: la diversidad de las personas es tan variada como la del cosmos.

El calendario lunar de 260 días es resultado de la interacción entre lo masculino -días- y lo femenino -lunas-. Cada 20 días pasa un ciclo lunar y para la humanidad, desde la engendración hasta el nacimiento, pasan trece lunas de 20 días cada una, es decir, 260 días.

Lo que hoy se le llama psicología maya y también la medicina maya —principalmente desde la concepción de las comadronas— nos dice que cada persona nacida en cualquiera de esos días tiene un winaqil o una personalidad distinta3; así, cada día tiene características específicas y esas características o virtudes son lo que adopta el ser humano del cosmos, según el espacio, el tiempo y el movimiento o posición que tiene cada territorio donde habita. Así, una persona que nace en un día específico carga con su winaqil; por ejemplo, hoy es día

Kaji’ Q’anil, y dentro de 20 días será Kab’lajuj Q’anil, y dentro de otros 20 días será wo’o’ Q’anil. Dichas personas nacidas en esos tres días con la misma energía Q’anil no serán iguales, esto debido a que el número o nivel energético que acompaña al día es distinto. Este numeral en sí es la influencia de la luna sobre el ser en el útero de la madre y tiene la misma importancia que el nahual, que en este ejemplo es Q’anil. De esta manera podemos decir que hay 260 personalidades o winaquil distintos, una totalidad cósmica que se expresa en diversidad en cada ser que nace.

Tomando este mismo ejemplo, decimos que la persona nacida ante el día Q’anil tiene una especial sensibilidad con las semillas, el campo, las siembras y el pasado. Podemos de esta manera empezar a llenar de nuevos contenidos, desde nuestra visión del mundo, este día que tenemos como ejemplo, con elementos relacionados con la sexualidad y la semilla, en los diferentes campos que integran la vida, y los planteamientos políticos y emancipatorios de nuestros tiempos, aunado con las luchas pendientes del pasado o aquellos propuestos por el plano de las y los ancestros. Siguiendo con el ejemplo, sabemos por las sistematizaciones milenarias hechas por las abuelas y abuelos que Q’anil es el origen de todo, encierra el principio y el fin, el tiempo del no tiempo; no por casualidad la semilla está relacionada con el cero. Cada atardecer hay un Q’anil, lo cual quiere decir que cada día se cierra un ciclo, se completa un proceso y empieza otro con normativas heteropatriarcales y coloniales establecidas. Desde ese entonces, hemos venido meditando, sobre cómo plantearnos las sexualidades desde nuestra cosmovisión maya en clave descolonizadora y despatriarcal. Esto es así porque la cosmovisión maya subsume la sexualidad y el género.

Estos principios podemos tenerlos como fundamentos de una sexualidad dirigida a la dignificación de la vida y la emancipación humana. Lo expuesto anteriormente es desde una interpretación simple del calendario Cholqij, pero es un poco más complejo.

Es decir, podemos seguir buscando más elementos en el día de nacimiento de cada persona para comprender su completitud; de ser así, seguiríamos encontrando complementos en el numeral que acompaña al nahual, las energías de engendración, de destino, regente y de prueba, así como la energía y fuerza que rige el año —a lo que se le llama comúnmente cargador del año—, ya que también influye en la persona, haciéndolo aún más y más específico y a la vez más diverso. Siguiendo con el ejemplo del Q’anil, arrojaría una combinación de 260 tipos de personalidades Q’anil si tomamos en cuenta el cargador del año y el territorio o comunidad donde fue concebido, donde vio la vida.

Como podemos ver, se vuelve aún más complejo, pero esto no solo es un cálculo matemático, sino que vive en las prácticas de las abuelas y los abuelos, principalmente en el momento de “medir” a una persona –el pajiq, llamado en quiché–. Conocerla en su totalidad. Ello requiere del conocimiento completo de las energías que la condicionan y la rigen.

Las sexualidades diversas en la Creación

En el inicio del relato en el libro Sagrados de los mayas quichés, habla de las y los primeros constructores y formadores: Tz’aqol Bitol, el par complementario, esencias masculinas y femeninas primarias. Pero luego de ellos vienen otros, que para la mayoría son formas de aludir a lo mismo, pero a mi forma de pensar, no. Son las energías sagradas-místicas, que también intervienen en la creación, originadas por los primeros, pero no son los mismos, que se despliegan desde el dos, el dos en el tres y este en el ocho, para crear lo viviente corporal.

Así podemos suponer que, en cuestión de la creación desde el Popol Wuj, participan más energías que no necesariamente son femenino y masculino. Mas, sin embargo, el origen es gracias a lxs formadores y creadores, pero ya no como una dualidad en oposición, sino un complemento. Aunque también podemos pensarlo como una oposición complementaria; lo planteado aquí puede debatirse y dialogarse. Ahora bien, el par complementario que viene después, es decir, Alom y k’ajolom, sí tiene connotaciones masculinas y femeninas, como bien aclara Sam Colop. Alom viene de la raíz Ali y k’ajolom de k’ajol; aun en la actualidad usamos dichas raíces denotando lo mismo: la que concibe y el que engendra. En este caso salen a relucir esas características, cualidades o virtudes que tienen lo masculino y lo femenino, ya que el contexto de la narración es el de la creación de la vida.

Ilustración: La Cuerda

En el plano terrenal, estas energías se asocian con el atardecer y el amanecer. Esto nos dice mucho si lo sabemos interpretar, si tuviéramos otra visión descolonizada de lo que es día y noche, en la temporalidad y espacialidad nuestra, donde podemos percibir con nuestra vida cotidiana —a través de los sentidos— la generación de la vida de un día, visión que intentaré desarrollar en adelante. Esto es de cómo madura un día y de cómo, antes de ocultarse, el sol fecunda la tierra. El mismo sol ocultándose en el horizonte es la semilla que penetra la tierra, enterrándose en ella. Luego pasa nueve ciclos nocturnos para que nazca el nuevo día. En el sentido energético viviente, eso es así y no una mera metáfora; los mayas más que nadie en aquellas épocas sabía el movimiento preciso de los astros. Es decir, que la interpretación de que «el sol se está ocultando» en realidad es «el sol está entrando», y esta expresión en sentido energético y descolonizado es que está fecundando. Aquello posibilita el nacimiento de una nueva energía, que nacerá junto al sol naciente del otro día, pero que evoluciona en la noche, ya que dicha semilla se instala en el útero de la madre tierra donde va creciendo, evolucionando y germinando la nueva energía que regirá el día siguiente. Esta es la explicación de la relación entre la energía sagrada femenina que concibe y la masculina que engendra, que también están asociadas al proceso de anochecer y amanecer, de Junajpu Wuch’ y Junajpu Utiw. Energías del universo que van dando lugar a las primeras generaciones de seres con vida, las y los de las cuatro esquinas del mundo y el centro, las y los que dieron origen a la humanidad. De esta manera podemos plantear que de esas relaciones primeras –y tomando como punto de partida la interpretación del calendario de manera simple, pero con el fin de darle entendimiento al planteamiento– es que la diversidad de los géneros y sexualidades se va diversificando a partir de un mismo principio, el de la creación de la vida.

Muchos indicios arqueológicos, y sobre todo prácticas de nuestros pueblos identificados etnográficamente, aún recrean el sentido de la sexualidad y la gran diversidad que en nuestros pueblos habitan. De igual manera, el sentido de la creación como acto para la reproducción y disfrute de la vida. Lo creativo, artístico, sagrado[2] encierra aquello.

Todo lleva un orden, una lógica, un ritual; no es así por así la creación o el nacimiento de cualquier entidad de vida; por lo tanto, es de disfrute y placer. Míticamente, el Popol Wuj lo narra así: “Dijeron entonces cuando pensaron, cuando meditaron. Se encontraron y juntaron sus palabras y sus pensamientos. Estaba claro, se pusieron de acuerdo bajo la luz; se manifestó la humanidad y se dispuso el surgimiento, las generaciones de árboles, bejucos y el origen de la vida”. En líneas posteriores dice: “Solo por su prodigio, solo por su poder se consiguió la concepción de las montañas y los valles; de inmediato rebosaron de ciprés y pinos. Así, pues, se puso contenta la serpiente emplumada.” Es decir, el amor, la felicidad, el mutuo acuerdo, el diálogo, la gratitud, la colectividad es la expresión que le da espiritualidad a la vida; el movimiento generador, la serpiente emplumada —varias danzas, bailes rituales aún se han identificado en varios pueblos de Mesoamérica— igualmente habita en nosotros, como nahual del amor, de la sexualidad y la justicia.

En fin, estamos hechos de emociones, pensamientos, erotismo. Estamos hechos de vida y de la muerte —interpretando la muerte desde la visión maya como el que termina de tejer la vida, el camino que sigue…—; la primera abuela y el primer abuelo aún viven en nosotros. Ya no es el dios único europeo; en nosotros vive la diversidad de lo sagrado —secularizado para quitarle su winaqil, esencia, dignidad y convertir todo en objeto, porque, siendo objeto, entonces éticamente es correcto explotarlo, dominarlo—. Nuestra sexualidad la iremos redescubriendo conforme vamos descolonizándonos y adquiriendo nuevos elementos, como ahora están haciendo un pequeño grupo de jóvenes mayas tzeltales en México, que están redescubriéndose y construyéndose desde su identidad maya, la cual llaman Antziwiniq, cuya traducción, según Delmar Penka, es hombre-mujer, mujer-hombre, quienes no se identifican con las identidades sexogénericas LGTBI. Ya que no hay un reflejo en las siglas de la diversidad sexual en los pueblos originarios. Como los Antziwiniq, existen más que los pueblos originarios; buscamos nuevas identidades. Nuestra propuesta es solo una forma de transgredir lo establecido y decir que desde los pueblos originarios la diversidad de los cuerpos y sexualidades viene surgiendo y que las pocas descubiertas se incluyen en las 5200 diversidades posibles encontradas desde el calendario maya Cholqij.

[1] En este texto usaré los términos sagrados, divinidad, deidad, esto, porque no hay otras palabras que puedan acercarse a lo que pienso en mi idioma quiché. Es decir, no lo hago desde la idea impuesta por la cristiandad colonial o desde una teología del dominio, sino desde lo sagrado que representa un ser, por la dignidad que tiene como ser viviente. En este sentido, dichas palabras tienen un corrimiento semántico que nos ayuda a la misma vez a desmontar el secularismo moderno que ha desacralizado el mundo, permitiendo su objetivación. Así, decimos energías sagradas, porque las energías superiores, desde nuestra visión, tienen vida, tienen un espíritu y una dignidad mayor que la de nosotros; ya no es aquella energía descrita por los físicos modernos.

[2] Es muy importante rescatar aquí el sentido, motivo y emoción con que se realiza la creación, ya que tratamos de darle sentido a la sexualidad y al género desde nuestra visión del mundo de manera descolonizadora.

[3] Trato de usar la palabra personalidad como winaquil, es decir, es la palabra que puede denotar en español a la persona completa, una persona que es biológica, cultural, histórica, social-comunitaria, emocional, eróticareproductiva y espiritual. En este concepto entonces puede ir implícito el de sexualidad y género de un winaq.

 

Libros consultados

-Popol Wuj de Sam Colop, 2008.

-Bernandino de Sahagún, Historia General de las cosas de la nueva España

-Género y sexualidad en el México Antiguo Miriam Lopez Hernández, María J. RodríguezShadow 201.

-Construir Cuerpos Libres Retos y propuesta en Iximulew, La Cuerda.

-Códice Borgia

-Cuerpo Humano E Ideología, Alfredo López Austin.  

-Sexualidades, Cuerpo y Genero, en culturas indígenas y rurales.

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